Lysbeth Daumont Robles

Resumen de la conferencia dictada el martes 18 de marzo, en Vitrina de Valonia, por Lysbeth Daumont, bibliotecaria de la institución, como parte de las acciones de la Semana de la Francofonía

 

« (…) los comics, en su mayoría,

reflejan la implícita pedagogía de un sistema

 y funcionan como refuerzo de los mitos

 y valores vigentes (…) »

Umberto Eco

La historieta es un arte: el noveno. Este medio de expresión es capaz de interpelar al lector de cualquier rincón del mundo a través de la fusión de la imagen y el texto, la fantasía y la realidad. Los personajes de historieta más célebres en Francia y Cuba, Astérix y Elpidio Valdés, han devenido verdaderos símbolos de identidad nacional. Astérix nace en 1959 en la Francia del General Charles de Gaulle; Elpidio en 1970, en medio de una revolución social y cultural.

Astérix y Elpidio Valdés son para Francia y Cuba más que meros personajes de cómic. Protagonistas de filmes, dibujos animados y hasta canciones, el galo y el cubano han sabido conquistar al público de todas las edades con sus aventuras insólitas y gran sentido del humor. A partir de los puntos de contacto que se aprecian en los procesos de creación —tanto del guión como del dibujo— de ambas series, así como en su génesis y evolución, se logra establecer un paralelo muy revelador.

A pesar de no coincidir en tiempo y espacio —ni en el contexto histórico concreto, ni de ficción, en que fueron creados— existen similitudes entre los universos imaginados por Albert Uderzo y René Goscinny, en el caso de Astérix, y de Juan Padrón, en el de Elpidio Valdés. Sus sistemas de personajes son liderados por un protagónico y un co-protagónico (Obélix y María Silvia, respectivamente); se ubican en un medio bélico del género de las aventuras, pero con matices humorísticos y, además, se han convertido en el reflejo de una amplia gama de tradiciones culturales y locales. La utilización de la línea clara en el dibujo no influye en el despliegue de detalles que, respaldados por una investigación previa, enriquecen la lectura. El humor y la lucha por la independencia —hilos conductores de dichas historias— propician la identificación de los lectores con el texto y la imagen.

Las causas del éxito mediático, popular y de mercado de ambos iconos del cómic son múltiples, pero no puede dejar de mencionarse su adaptación al cine de animación. Parques temáticos, juegos de sociedad, frescos, figurines, sitios web, canciones, entre otras iniciativas han contribuido a una mayor difusión, pero nunca es suficiente. Preservar la memoria visual y conceptual de estas publicaciones, rescatar el savoir faire editorial de los profesionales que las inundaron de dibujos y textos de excelente factura deviene tarea urgente y necesaria para las nuevas generaciones de lectores y autores. Símbolos de identidad nacional son estos dos personajes, que sobrevivirán al desafío de las nuevas tecnologías y medios de comunicación masiva, porque Astérix c´est la France ! Elpidio Valdés c´est Cuba !

Museos e historieta: el Cente Belge de la Bande Dessinée como paradigma europeo

Para celebrar el Día Internacional de los Museos la Vitrina de Valonia dedicó este mes su espacio habitual Tesoros de Bélgica, a ilustrar a los asistentes sobre el Centro Belga de la Historieta, institución que sirve de referencia a los amantes y estudiosos del cómic a nivel mundial. El martes 14 de mayo fue impartida en la institución la conferencia Los museos y la historieta: el Centre Belge de la Bande Dessinée(CBBD) como paradigma europeo, a cargo de Lysbeth Daumont, bibliotecaria de la Vitrina de Valonia. A continuación incluimos un resumen de la conferencia.

Por Lysbeth Daumont, bibliotecaria de la Vitrina de Valonia

El Centro Belga de la Historieta (CBBD, por sus siglas en francés) ha devenido, desde su creación en 1989, un centro de referencia del cómic a nivel mundial. Ubicado en los antiguos Almacenes Wacquez, el CBBD cuenta con un gran número de planchas originales de historietistas de Bélgica y de otros países europeos, una colección de más de 3 000 libros en diferentes idiomas, varias salas de exposición (de carácter transitorio y permanente), un anfiteatro, una sala de proyecciones de dibujos animados, una librería especializada y otros atractivos relacionados con el también denominado noveno arte.

El inmueble, de estilo art nouveau, fue diseñado en su totalidad por el célebre arquitecto belga Víctor Horta en 1903 y fue construido en 1906. Abandonado por sus propietarios, fue adquirido en 1984 por el Ministerio de Trabajos Públicos y posteriormente restaurado por la Régie des Batiments de Bruselas. Refiriéndose a la época de su carrera en que creó esta obra maestra, Horta escribiría: «(…) intentaba sintetizar aquí mi pensamiento, proclamaba que la casa no debía ser solamente la imagen de quien la ocupaba, sino que debía convertirse en su retrato». Considerando que la historieta forma parte del patrimonio inmaterial de esta nación por su importancia en los ámbitos cultural, económico y turístico, se decidió darle a esta casa la función que hoy posee. Desde inicios de 1980 un grupo de artistas (entre ellos Bob de Moor y Alain Baran) había comenzado a imaginar el diseño museográfico del lugar.

Entre los innumerables valores artísticos y arquitectónicos del edificio, además del exquisito diseño del lucernario, las puertas, lámparas y elementos de herrería, se encuentra una monumental escalera de mármol por la cual se accede a sus niveles superiores. Como un guiño a la obra de Hergé, el creador de Tintín, en uno de los escalones se simula un hueco en el lugar donde el Capitán Haddock (también protagonista de estas aventuras) siempre tropieza.

Figurines y accesorios que aluden a personajes tan conocidos como los Pitufos, Spirou, Lucky Luke, entre otros, también pueden apreciarse en este museo singular. Entre las actividades más importantes que organiza se encuentran las exposiciones que acogen las obras de dibujantes de todo el orbe, así como talleres de creación para niños y adultos. El cohete en que Tintín va a la Luna recibe a los visitantes, como invitándolos a volar hacia el fantástico mundo de la historieta.

Con la presentación de La Cuba Pintoresca de Frédéric Mialhe, la Biblioteca Nacional José Martí (BNCJM) estrenó su colección «Raros y Valiosos», un ambicioso proyecto de ediciones facsimilares que sacará a la luz los tesoros bibliográficos de esa institución.

Este libro que redimensiona la figura de Pierre Toussaint Frédéric Mialhe (1810-1881), artista de origen francés radicado en La Habana, es sin dudas una de las contribuciones más importantes al patrimonio visual cubano.

Bajo la autoría de Emilio Cueto y con prólogo de Eduardo Torres Cuevas, director de la Biblioteca Nacional José Martí, La Cuba
pintoresca de Frédéric Mialhe
fue coeditada
por esa institución, Ediciones Imagen Contemporánea, la Casa de Altos Estudios
Fernando Ortiz, la Universidad de La Habana y la Editorial Boloña de la Oficina del Historiador.

Con la presentación de La Cuba Pintoresca de Frédéric Mialhe, la Biblioteca Nacional José Martí (BNCJM) estrenó su colección «Raros y Valiosos», un ambicioso proyecto de ediciones facsimilares que sacará a la luz los tesoros bibliográficos de esa institución.
Resultado del colosal trabajo que, por más de tres décadas, ha realizado el investigador Emilio Cueto en la Isla y varias naciones del mundo, este libro redimensiona la figura de Pierre Toussaint Frédéric Mialhe (1810-1881), artista de origen francés radicado en La Habana, pues dispone de un catálogo razonado de su obra gráfi ca cubana, así como una cronología de su vida, obra, contexto e impacto.
Según refiere Cueto en el pórtico al libro, ese artista «fue un sagaz observador del entorno social de la época (…) un verdadero historiador de nuestros hábitos, tradiciones, ocupaciones, modos de vestir y transportarnos; por ello es el Mialhe costumbrista el más copiado en publicaciones extranjeras».
De enorme valía es el cotejo realizado entre los grabados primigenios de Mialhe y el empleo de los mismos —o sus detalles— en infinidad de soportes (portadas de libro, partituras musicales, tarjetas navideñas, vajillas…) que el investigador ha localizado en Cuba, España, Estados Unidos, Francia, Alemania, Holanda y otros países.
Sumamente curioso es también su explicación del litigio que enfrentó al artista francés y al impresor Louis Marquier contra la casa editorial B. May y Cía, debido a que en 1853 esta última reprodujo 26 de las 30 vistas del libro Viage pintoresco al rededor de la Isla de Cuba, que Miahle había publicado por entregas desde 1839 hasta 1842.

Paisaje de Mialhe sin título, firmado y fechado en 1862. Óleo sobre lienzo (70 x 50 cm). Adquirido en 1982 por el Dr. Guillermo Pérez Mesa (Nueva York) y perteneciente a Teresa de Anchorena (París).

Aunque se trató indudablemente de un plagio con fines mercantiles, Frédéric debió ceder en el juicio al no contar con los requerimientos legales que –exigidos por la Casa May— ampararan su autoría sobre esa obra: específicamente el recibo del depósito de los ejemplares que, según el artículo 13 de la ley de propiedad intelectual vigente en 1847, debían ser entregados a la Biblioteca Nacional y al Ministerio de Instrucción Pública.
Así, aunque apoyado por Felipe Poey y Víctor Patricio de Landaluze —entre otras personalidades amigas—, Mialhe y Marquier tuvieron que contentarse con 18 onzas españolas, cuando ya el juicio languidecía sin esperanzas de ganarlo. Por su parte, la compañía acusada quedaba libre de seguir vendiendo esas vistas.
Como resultado, afirma Cueto, «los álbumes de May fueron muy exitosos y se esparcieron por Europa y Norteamérica.
Eso hizo que las escenas de Mialhe fueran cada vez más conocidas —bien por los originales, bien por los plagios de May— y comenzaron a aparecer en las publicaciones extranjeras, con tal frecuencia y en tantos sitios, que hoy puede asegurarse que la imagen que tuvo el público ilustrado del XIX, fue la de Mialhe» Además de reproducir esos grabados —los cuales han sido «punto de referencia imprescindibles sobre nuestro quehacer decimonónico»—, esta suerte de opera omnia contiene tres óleos pintados por Mialhe en Cuba entre 1860 y 1870, hasta ahora prácticamente desconocidos.
Constituye este libro, sin dudas, una de las contribuciones más importantes al patrimonio visual cubano.

Lysbeth Daumont
Colaboradora de Opus Habana

«Me han impresionado mucho el carácter gentil, tolerante  — ¡musical!— de los cubanos,  cantan todo el tiempo (en los autos, en las calles…)». expresó el organista belga.

El organista Stijn Hanssens (Halle, Flandes, 1982), profesor asistente del Instituto Lemmens de Leuven, obtuvo los diplomas de Máster en Música —sección órgano— (2005) y el Máster en Composición de (2008), especializándose en los siglos XIX y XX.  Durante su estancia en La Habana, en el invierno de 2010, tuvo a cargo el concierto inaugural y  un ciclo de clases magistrales de órgano en la Basílica Menor de San Francisco de Asís, como parte de las jornadas musicales de la V Semana Belga en el Centro Histórico. Opus Habana tuvo la oportunidad de conversar con este joven artista y conocer detalles de su carrera profesional.

¿Cuándo y por qué escoge la música como medio de expresión?

Mis padres —amantes de la música— me inscriben a los diez años en la Academia de Halle, donde inicio mis estudios de solfeo. Al principio sólo se trataba de un pasatiempo, una actividad extraescolar. Poco a poco fue convirtiéndose en una pasión que crecía cada día más. Me fascinaba el sonido del órgano que tenían en la Academia y me decidí finalmente por este instrumento. A los 11 años toqué por primera vez en público. Cuando terminé el preuniversitario continué mi formación profesional en el Instituto Lemmens, uno de los más conocidos por su excelencia en la educación del órgano.

¿Qué razones lo instaron a decidirse por el órgano?

El órgano de tubos es un instrumento antiguo, que data del siglo XIV. Hay una gran tradición organística en Europa, específicamente en países como Francia, Holanda, Alemania y Bélgica. «El órgano es mi orquesta», era la premisa del gran compositor Cesar Frank (Lieja, Bélgica, 1882-1890). El también denominado «rey de los instrumentos» siempre ha sido capaz de inspirarme como compositor e incitarme al trabajo creativo. Gracias a su poderosa sonoridad, puedo revivir la música antigua y renovar sus códigos.

¿Qué músicos han influido en su formación profesional?

Siempre han sido mis guías Luc Bastiaens y Meter Pieters,  mis profesores del Instituto Lemmens. En cuanto a la composición tengo influencias de Olivier Messiaen (1908-1992) y Ludo Claesen, quien me enseñó los secretos del contrapunto y la fuga, ejercicios muy estrictos que contribuyen a la creación de una obra original y contemporánea al mismo tiempo, basándose en los estilos de antaño.

¿Cuál es el tema de su trabajo de doctorado en el Instituto Lemmens?

«¡¿Hecho en Bélgica!?: Una búsqueda en la evolución y las influencias en la música del organista belga Jacques-Nicolas Lemmens (1823-1881) de Flor Peeters (1903-1986)» se denomina el proyecto de investigación doctoral que inicié en 2009. Mi objetivo principal es buscar una forma artística en los sonidos de  la música de órgano belga durante el período que comenzó con las obras de Jacques-Nicolas Lemmens (1823-1881) y terminó con las de Flor Peeters (1903-1986). Tendré en cuenta las tendencias cambiantes en la construcción de órganos, la evolución de la música de órgano fuera de Bélgica y el redescubrimiento de la música antigua, que han desempeñado un papel crucial en esta evolución, pero también intento explicar de qué manera hoy día estos hallazgos pueden apoyar al artista intérprete o ejecutante en la toma de decisiones artísticas.

El órgano de la Basílica de San Francisco de Asís
fue donado en 2006 por la ONG Luthiers Sin
Fronteras, de Valonia, Bélgica.

¿Qué importancia tuvo para Ud. su participación en las jornadas musicales de la V Semana Belga de La Habana?

He tocado en varias ciudades belgas, pero también en otros países europeos como Francia, Holanda y Luxemburgo, en solitario o acompañado por cantantes —ya sean solistas o un coro— u otros instrumentos como el violín o la flauta. El hecho de protagonizar, junto al trompetista cubano Yasek Manzano, el concierto inaugural de la Semana Belga, ha significado mucho para mí por muchas cosas pero, en especial, porque fue mi primera presentación en América Latina.
Tuve la oportunidad de interpretar obras de relevantes músicos belgas de todos los tiempos —como Purcell, Lemmens, Jongen, Peeters y Verschraegen— para el público cubano. El órgano del coro alto de la Basílica Menor de San Francisco de Asís —construido en 1954 por el taller del organero belga Maurice Delmotte—  fue donado a este centro por la Asociación Luthiers sin fronteras en 2006. Este intercambio musical —de un órgano belga con una trompeta cubana— fue todo un reto para mí.
Durante ésta mi primera visita a La Habana pude descubrir una ciudad de contrastes, diferente a la que visualicé en viejas guías turísticas. Hay una gran diferencia entre las fotos de hace diez años y las actuales, especialmente en las principales calles y plazas del Centro Histórico. Considero que hay magníficos ejemplos de obras restauradas (véase la Plaza Vieja). Me han impresionado mucho el carácter gentil, tolerante  — ¡musical!— de los cubanos,  cantan todo el tiempo (en los autos, en las calles…).

Lysbeth Daumont
Colaboradora de Opus Habana

Diferentes instituciones del Centro Histórico acogieron un ciclo de conferencias y talleres en torno al haiku —género poético nacido en Japón y diseminado en Europa y América Latina— que impartió Delphine Rotfus, Msc en Lengua francesa y letras modernas.

Integrada por fotos y haikus, la exposición «Ikebana» del francés Jean Vallette podrá apreciarse en la Casa Víctor Hugo durante todo el mes de marzo.

Diferentes instituciones del Centro Histórico sirvieron de sedes para un ciclo de conferencias y talleres en torno al haiku —género poético nacido en Japón y diseminado en Europa y América Latina— que impartió Delphine Rotfus, Msc en Lengua francesa y letras modernas.
Como colofón, se inauguró el jueves 3 de marzo, la exposición «Ikebana» (arreglo floral, en japonés) del francés Jean Vallette que, integrada por fotos y haikus, se podrá apreciar en la Casa Víctor Hugo durante todo el mes de marzo.

¿Cómo se inicia su proyecto cultural y pedagógico en La Habana que tiene al haiku como hilo conductor?

Como profesora de francés, propuse un taller de escritura en francés titulado «Haiku en el  Caribe». a la Casa Víctor Hugo y la Alianza Francesa. El haiku es un poema tradicional japonés muy corto, de tres versos. Sugiere en pocas palabras un paisaje natural, las sensaciones vividas en un instante efímero, que el haikista tiene que «cristalizar» gracias al lenguaje poético. Como soporte para la escritura de estos haikus, mostré a mis alumnos cubanos dos conjuntos de imágenes que se inscriben en esta estética: la serie de fotografías «Ikebana» del fotógrafo francés Jean Vallette —especializado en la fotografía del desnudo femenino— y el libro de pinturas del galo Paul Elliott Thuleau, Caribbean shadows, suerte de catálogo de fachadas de casas típicas caribeñas. Estos dos artistas residen, como yo, en Saint-Martin (pequeña isla cercana a Guadalupe).

Una de las sesiones del taller de escritura en
francés «Haiku en el Caribe», en la Casa Víctor Hugo.

¿Cómo se desarrollaron los talleres? ¿Cuáles fueron los resultados?

Una veintena de jóvenes y adultos estudiantes de francés en la Alianza Francesa, la Casa Víctor Hugo y la Facultad de Lenguas Extranjeras, participaron en el taller para adentrarse en el mundo del haiku «con los ojos vendados», ya que no conocían nada sobre este género ni sobre las imágenes exhibidas. Ellos realizaron un trabajo formidable en un tiempo limitado. El resultado fue la exposición de las obras creadas en el taller que, matizadas con flores naturales, sirvieron para promover esta poética del instante.

Exposición «Ikebana»
del francés Jean Vallette.

Háblenos de sus conferencias habaneras.

Tuve el honor de ser la invitada del encuentro cultural Quién es quien, organizado en conjunto por las bibliotecas de la Casa Víctor Hugo, la Casa de la Poesía y la Casa de Asia, lo que me permitió impartir una conferencia titulada «La influencia del haiku en la poesía francófona» el jueves 3 de marzo en la biblioteca de la Casa Víctor Hugo. En esa ocasión pude presentar el trabajo realizado en el taller, y mis estudiantes leyeron sus composiciones. Otras conferencias en torno a la misma temática,  se efectuaron en las bibliotecas de la Alianza Francesa y de la Casa de la Poesía, donde también participó como ponente Javier R. Prendes, quien disertó sobre el haiku en la literatura latinoamericana.

Delphine Rotfus (de pie), durante la conferencia en la biblioteca de la Casa Víctor Hugo.

¿Cuál era la imagen que tenía antes de viajar a La Habana? Al terminar su estancia de dos semanas aquí, ¿ha cumplido sus expectativas?

La imagen que tenía de La Habana antes de venir era la de capital del país del son, de la salsa, de la rumba; cuna de poetas y músicos, bailadores y artistas reconocidos a nivel mundial. Pero aquí he descubierto una ciudad muy dinámica en el plano cultural y artístico, además de un sitio privilegiado donde predominan la creatividad y el valor del conocimiento. Pero sobre todo, son los cubanos, los habaneros quienes más me han sorprendido por su alegría de vivir, su  carácter afectuoso, su inventiva, humor, creatividad, curiosidad, talento… Me sentí satisfecha con los encuentros sinceros y de afinidad que tuve con personas encantadoras, enriquecedoras y agradables.

¿Qué opniníón le merece el proceso restaurador que se lleva a cabo en el Centro Histórico?

No esperaba descubrir en los barrios históricos, una Habana tan bien restaurada: recorrer las largas callejuelas estrechas como la famosa calle Obispo, arteria central de La Habana Vieja, y desembocar en la magnífica Plaza Vieja, o bien en la Plaza de la Catedral. Me sentí súbitamente transportada a Roma, a Sevilla, o incluso a París. Encontré un lugar cargado de historia y comprometido en el presente por su efervescencia artística. En La Habana, pude percibir riqueza de espíritu, pero también sensibilidad poética.

¿Cuáles son sus proyectos para un futuro próximo?

Quisiera publicar un libro con los poemas realizados por los alumnos en La Habana. Este libro podría ser de gran interés artístico, dada la calidad de las obras pictóricas y los haikus escritos por los estudiantes; también sería el reflejo del dinamismo de la francofonía en Cuba, gracias a la enseñanza del francés y la divulgación de la cultura francófona. Próximamente viajaré a China y Japón, donde quiero recomenzar la experiencia con estudiantes francófonos de estos países. Tengo pensado otros talleres de escritura creativa en La Habana, siempre en relación con obras artísticas de pintores y músicos cubanos.
Lysbeth Daumont
Colaboradora de Opus Habana

«Tuve que buscar mucho dentro de mí, construir un Martí desde mis propias vivencias», afirma el todavía estudiante de la Escuela Nacional de Arte.

En cualquier ómnibus de La Habana actual, o a la salida del cine Chaplin, podemos toparnos con José Martí; es decir, con el actor que lo interpretó en la más reciente producción de Fernando Pérez, Martí, el ojo del canario.
Reconocerlo tras una primera mirada deviene difícil tarea para el espectador menos avezado, pues la fisonomía actual de Daniel Romero Pildaín (La Habana, 1990) difiere absolutamente de la que conocimos en el filme. Daniel es un muchacho alto, de largos y lacios cabellos negros, aunque conserva el mismo halo tierno y apasionado que apreciamos en la película.
Sin dudas, cambió su vida el hecho de encarnar a la figura del Apóstol en ese largometraje de ficción, seleccionado entre los diez mejores filmes exhibidos en Cuba en 2010 por la Asociación Cubana de la Prensa Cinematográfica.
En su casa de Lawton —donde fui acogida cordial y gentilmente por su madre, padre y hermana—, Daniel recitó poemas de los Versos sencillos y respondió a mis preguntas.

¿Por qué te presentaste al casting de la película Martí, el ojo del canario? ¿Creías que tenías alguna posibilidad de interpretar el papel protagónico?

Los jóvenes que hoy estudiamos actuación, tenemos pocas oportunidades de trabajo. Nadie de mi familia proviene del teatro, aunque sé que tengo un tatarabuelo, Pablo Pildaín, quien fue actor en el siglo XIX. Rine Leal, un gran investigador del teatro cubano, lo incluye en su libro, La selva oscura. Por mi fisonomía, nunca pensé que fuera a interpretar a Martí. Debo confesar que, en el momento que me presenté, no conocía a Fernando. Ese día se había roto el ómnibus que me transportaba y llamé al ICAIC para avisar que llegaría más tarde. Cuando me iba acercando a mi destino, vi a un señor mirando a la calle, a quien le pregunté si estaba en la dirección correcta. Nos quedamos mirándonos por varios instantes seguidos. Entonces él me preguntó: «¿Eres Daniel?», y me di cuenta de quién se trataba. Al pasar el tiempo, Fernando me confesaría que, cuando me vio en ese momento, percibió el mundo interior que él quería evocar con la película.


¿Cómo fue tu interacción con Fernando Pérez durante el casting? ¿Y con los actores con quienes compartiste la escena?

Después de aquel primer encuentro, él me hizo una prueba de relación de miradas, un ejercicio de teatro que consistió en intercambiar visualmente con él diferentes emociones. Me impresionó mucho cómo, sin haberse dedicado a la actuación, Fernando interpretaba al pie de la letra su personaje. Al mirarme con los ojos llorosos en esa ocasión, descubrí que me había entregado una vivencia personal suya. Así comencé a ponerlo inconscientemente en el pedestal que merece por toda su trayectoria; por ser, además de excelente director, todo un artista.
Broselianda Hernández [Leonor Pérez] me ayudó desde el inicio, en el casting y durante la filmación. Siempre hubo una buena química entre nosotros. La relación con Rolando Brito [Mariano Martí] fue más sólida, más concreta, porque me recordó por momentos la relación con mi propio padre.

Daniel Romero Pildaín junto a Fernando Pérez y miembros del elenco y el equipo de producción de la película Martí, el ojo del canario, en el encuentro que tuvo lugar en la Casa Natal de José Marti, como parte de la Jornada Martiana en el Centro Histórico.

¿Cómo te preparaste previamente al rodaje?
Cuando me escogieron para el personaje, quise estudiarlo todo sobre la vida y obra de Martí, pero Fernando encauzó mi lectura hacia los Versos sencillos, Versos libres, El Presidio Político en Cuba y la biografía que escribió Jorge Mañach (hasta el primer exilio martiano). Me dijo: «Por ahora no quiero que seas consciente de lo que vas a hacer, para no perder tu naturalidad».
Háblame un poco de la dinámica de trabajo en una película de carácter histórico como ésta. ¿Tuviste dificultades? ¿Qué te aportó este proceso?
La rutina diaria de esos cuatro meses comenzaba con el vestuario, luego el maquillaje, y continuaba con 12 horas de filmación. Antes de entrar a escena necesitaba absoluto silencio y, muchas veces, tenía que crearme mi propio espacio de concentración. Durante el proceso de rodaje estaba cursando el primer año de la Escuela Nacional de Arte (ENA), así que llevé al mismo tiempo los estudios y el trabajo. Además, tuve que adelgazar, mantener una estricta dieta y luchar contra la ansiedad, el estrés y la depresión que me condujo a dos crisis nerviosas durante el rodaje.
Cuando te enfrentas a un reto como éste, siempre hay dificultades. En mi caso, fueron superadas gracias al apoyo de dos personas, a las cuales estaré agradecido por siempre: Grisel Monzón y Sandor Menéndez. La primera me ayudó a ponerme al día con las clases, trabajos prácticos… y actualmente es mi novia; el segundo, mi profesor de actuación, me enseñó todo lo que sé.
Durante ese proceso, aprendí a trabajar con profesionalismo, sacrificio y responsabilidad, a ser riguroso en el estudio diario del personaje que se interpreta, a comprender cuánto amor y sufrimiento se necesitan para ser actor.
¿Cómo lograste encarnar a un Martí tan cercano a las jóvenes generaciones?
Tuve que buscar mucho dentro de mí, construir un Martí desde mis propias vivencias. Conociendo su vida, encontré muchas cosas que, quizás subconscientemente, me acercaban a él: la manera de ver el amor como un acto de entrega, pureza, alejado de todo indicio de machismo y frivolidad;  la figura de la  madre luchadora que quiere lo mejor para su hijo, pero debe respetar sus convicciones; el padre trabajador con sueños y ansias de superación, que no muestra todos sus sentimientos… Desde su niñez, Martí estuvo todo el tiempo sobreponiéndose a las dificultades de la sociedad (recuérdese la sugerente escena delante de la mar tempestuosa). El estudio profundo que llevé a cabo, me permitió conocerme mucho más de lo que yo creía, pero también saber cuánto amo a Cuba y a La Habana.
¿Has visto la película en varias ocasiones? ¿Cuáles fueron tus impresiones como espectador en la sala oscura?
El día de la première vi cómo se resumían cuatro meses de ardua filmación. Tuve la oportunidad de materializar todas las emociones de la película, las escenas más fuertes, entre ellas la de los sucesos del Teatro Villanueva, cuando tengo que gritar obligatoriamente « ¡Viva España!». Aprecié la conjunción del trabajo de actuación, dirección, fotografía, luces… desde el punto de vista del espectador.  Veo la película en cada ocasión que es exhibida; esto me permite valorar mi propia labor, para mejorarla, pero también experimentar nuevas sensaciones. A la salida del cine siempre se me acercan personas, jóvenes en especial, que se identifican y emocionan con la película, para decirme «Gracias». Soy yo quien les agradece.
¿Cuál era tu visión de La Habana antes de la película? ¿Cuál tienes ahora?
Yo vivía en La Habana; no la veía. Ahora puedo apreciarla como el gran mito que es. Al leer la novela Canción de Rachel, en la que Miguel Barnet escribe que en esta isla mágica cada persona nace con un destino, me impresionó mucho una frase de Rachel: «Cuando Martí iba deportado de Cuba con 16 años, iba apoyado en una baranda del barco, llorando». Conocer la nostalgia por Cuba en las historias de Heredia, Milanés, Zenea… me ha permitido amar más mi ciudad, que ha sido referente y escenario de múltiples obras literarias. José Lezama Lima decía que no necesitaba salir de La Habana, pues desde su terraza podía verlo todo. «Vivir» en el siglo XIX habanero fue una experiencia sumamente bella, barroca, colonial… que me permitió valorar el espíritu de esa época. La Habana representa algo trascendental para mí: lo mismo  que simbolizaban los anfiteatros para Sófocles, Esquilo… donde se interpretaban sus obras.
¿Qué crees de la restauración del Centro Histórico?
Creo que debemos agradecerle mucho a Eusebio Leal por sus valores y concepto de la vida, por revivir la belleza perdida del siglo XIX, por reconstruir momentos históricos, que podemos imaginar gracias al rescate de la arquitectura, de lugares donde ocurrieron importantes sucesos culturales…  Así un joven de hoy puede conocer cómo eran los adoquines de las calles más antiguas, los balcones en los cuales Milanés recitaba poemas a su prima, la bahía con todas las historias de corsarios y piratas, la Fiesta del Día de Reyes… Su labor incansable es digna de ser reconocida y recordada siempre.
¿Qué huellas ha dejado Martí en ti?

Cuando un actor interpreta un personaje debe olvidarlo, dejarlo atrás para poder trabajar en el próximo. Pero no puedo renunciar a Martí: lo llevé conmigo durante la película y lo sigo llevando aún.  He quedado encantado con su imagen y el impacto de su obra. Como mismo se les ponen flores a los familiares y a los santos, yo le pongo flores. Lo tengo como símbolo de sacrificio, de trabajo, de pasión. Ahora, si estoy deprimido —porque sigo luchando, aun cuando algo parezca imposible—, me refugio mucho en su literatura.
Martí me abrió las puertas a poetas como Casal, Rimbaud…; a músicos como Bach y Handel. Le agradezco mucho a Fernando el haberme mostrado el camino para conocer a Martí.
¿Cómo crees que los jóvenes deberíamos acercarnos a la obra del Apóstol?
Les recomiendo leerlo sin pauta y sin regla; sólo acercarse a él por algún interés o inquietud en particular, o simplemente por curiosidad. Y a partir de ahí, si le encuentran el sentido, hallaran por sí mismos el camino para su lectura. Pero sobre todo, cuando lo lean,  olviden provisionalmente al héroe del busto de mármol, y véanlo como un ser humano, de carne y hueso: el que le escribe a sus hermanas; sufre en la relación con sus padres; que se enferma, que padece cuando no puede ver a su hijo… y quien, a pesar de todo, fue alguien que creó e hizo mucho por su país.
¿Tienes tiempo libre para la lectura?¿Qué te gusta leer?
John Lennon decía que la vida es el tiempo que pasa mientras ocupamos nuestro tiempo. Entonces, el hecho de no contar con mucho tiempo libre, en mi caso significa que  aprovecho al máximo mi vida: estudio; leo; voy al teatro, escucho música y bailo, pero también disfruto ver un atardecer, como hacía el personaje de El principito, de Antoine de Saint-Exupéry). En algunas ocasiones, cuando llego de la escuela, me pongo a dibujar con tempera, como en mi infancia.
Sobre todo, me encanta leer. Me gustan las obras de Dostoievski (Los hermanos Karamazov, Crimen y castigo, El idiota…) por la compleja psicología de los personajes, y las de Gabriel García Márquez (El amor en los tiempos del cólera, Cien años de soledad…) por el ambiente, los colores, la historia.
¿Cuáles son tus preferencias en cuanto a actores, películas y obras de teatro  tanto en el ámbito nacional como internacional? ¿Qué personaje te gustaría interpretar?
Entre los actores: Javier Bardem (que trabaja en la película Mar adentro), Fernando Echavarría, Corina Mestre y Aramís Delgado. De las películas: Clandestinos, Suite Habana y la norteamericana Érase una vez en América, con Robert de Niro. Entre mis obras de teatro preferidas están: Equus, de Peter Shaffer; Deseo bajo los olmos, de Eugene O´Neill, y Un tranvía llamado deseo, de Tennessee Williams. Quisiera interpretar a Raskólnikov, el protagonista de la novela Crimen y castigo, de Fiódor Dostoievski.
¿Cómo definirías la relación padre-hijo en la etapa de transición de la adolescencia hacia la adultez?
Chaplin decía: «Sólo dos tipos de personas dicen la verdad: los niños y los locos; a los niños los educan y a los locos los encierran. Nunca debemos perder el niño que llevamos dentro. Porque ser niño te ayuda a crecer, a crear, a soñar con naves y dragones…». Es la etapa que te define: todo lo que te rodea desde niño marcará tu adolescencia y tu vida adulta, pues allí se forman tus valores. Mientras más arrastres a ese niño, más te conocerás; pero cuando lo olvides, perderás la esencia de tu vida. Ése es el tema central de la película. Por eso creo que la relación padre-hijo en esta etapa no debe contar con censuras ni imposiciones, y sí con enseñanzas y respeto de los criterios del adolescente, con el fin de conformar su identidad.
¿Cómo definirías el concepto de identidad?
Es saber siempre quién es uno y hacia dónde quiere llegar, pero también conocer el poder que tenemos para alcanzar nuestros objetivos: un poder en sintonía con la razón, porque no nos debemos exigir más de lo que podemos dar. Es concederle importancia a los valores, la educación, la sensibilidad… y ser consecuente con sus actos.

Lysbeth Daumont Robles
Colaboradora de Opus Habana

Desde octubre hasta diciembre de 2010, el Museo Nacional de Bellas Artes acogió la exposición «Retrospectiva de Bruno Vekemans», auspiciada por la embajada de Bélgica en Cuba.

¿Qué significado tuvo para Ud. esta primera exposición en Cuba?

Ha sido muy importante para mí, primero porque adoro La Habana y a los cubanos. Esta es mi quinta visita a la Isla en cuatro años y mi primera exposición en América Latina y el Caribe. Auspiciada por la embajada del Reino de Bélgica en Cuba, fue inaugurada el primero de octubre de 2010, en presencia de Koen Adam, embajador de mi país, y personalidades de la cultura cubana. Considero como un gran honor el hecho de que la sala transitoria del Museo Nacional de Bellas Artes (MNBA) haya acogido mi obra como su primera muestra belga. Este bello museo cuenta con una magnífica colección de antiguos pintores flamencos como Pierre Paul Rubens (1577-1640), Anthony van Dyck (1599-1641) y Jacob  Jordaens (1593-1678), a quienes he admirado desde mi adolescencia.

¿Qué opinión le mereció su encuentro con el público cubano en los recorridos por la exposición, organizados por la Oficina del Historiador de la Ciudad?

Durante la permanencia de la exposición, muchos estudiantes de las escuelas de arte visitaron la sala, en las que estuve presente (recuerdo, especialmente, la de los jóvenes de la Escuela-Taller Gaspar Melchor de Jovellanos). Además, en el marco de la V Semana Belga en el Centro Histórico, el Departamento de Gestión Cultural de la Oficina del Historiador organizó un recorrido por la exposición, protagonizado por estudiantes de la Facultad de Historia del Arte, que tuvo como colofón el diálogo con el público.  Al interactuar con varios grupos de familias habaneras y responder a sus preguntas, pude percibir una gran preparación cultural. Me emocioné al poder intercambiar con niños y con personas de la tercera edad, que me ofrecieron sus más sinceras opiniones acerca de mi obra.

Momento de uno de los recorridos por la exposición «Retrospectiva de Bruno Vekemans, en la sala transitoria del Museo Nacional de Bellas Artes.

¿Qué cree de este tipo de experiencia?

En los vernissages siempre hay una numerosa audiencia —sobre todo críticos—, pero no tienes la oportunidad de explicar a las personas tus objetivos e influencias, ni de interactuar y responder a preguntas de diversa índole. Fue mi primera experiencia de este tipo y en mi corazón tuvo resultados maravillosos. Creo que debe tomarse en cuenta para futuras exposiciones, al tener múltiples beneficios tanto para el público, como para los artistas.

¿Por qué, en el intercambio con el público cubano asistente a los Andares por su obra, confesó que quisiera vivir siempre en La Habana?

La Habana tiene una atmósfera muy especial, que invita a ser percibida y dibujada. En cada ocasión descubro y recreo en mi mente nuevos paisajes, semblantes, colores…Tengo diversas obras realizadas a partir de las circunstancias cubanas, que quise exponer en esta ciudad desde el inicio. El resto de esos retratos serán exhibidos en Amberes (Flandes, Bélgica), en febrero de 2011.

¿Cómo escoge los rostros para concebir tal combinación de símbolos y  expresiones humanas en los collages de retratos cubanos?

Al transmutar los rostros a través de la pintura nacen los retratos, cuya singularidad está dada por diversos motivos. Algunos atractivos para mi pincel son: el carácter firme y atrayente de los cubanos, las expresiones — ¡hay un repertorio de mil expresiones en cada uno de ustedes!—, los colores que toman los cuerpos —debido al mestizaje y los valores cromáticos de una mañana o un atardecer en esta ciudad—, los gestos únicos… Algunos símbolos de la nación, como José Martí y Fidel Castro, están representados en mis cuadros.

Obra que pertenece a uno de los collages de Retratos cubanos, que integraron la muestra «Retrospectiva de Bruno Vekemans».

Háblenos del leit motiv de su obra en general, que cuenta con múltiples influencias en cuanto a temática, técnica y formato.

Soy totalmente autodidacta y trato de no hacer siempre lo mismo. Desde muy joven —creo que lo llevo en los genes— estaba impresionado por la obra de los grandes maestros. Por eso he desarrollado un estilo ecléctico, influenciado por los logros de los diferentes movimientos artísticos. Tras la culminación de cada etapa de mi vida hay un giro en mi obra pictórica. Al utilizar una técnica o un formato en particular, me intereso, estudio y profundizo en dicho estilo, hasta que decido cuándo es tiempo de evolucionar. Combinando técnicas disímiles (collages de retratos pintados con recortes, óleos sobre lienzo…) y dimensiones varias (pequeño y gran formato), mi trabajo está inscrito, por los críticos de arte, en la corriente posmodernista.

En el conjunto de su obra se aprecian paisajes —sobre todo citadinos— y retratos, pero ¿qué es lo que prefiere pintar?

Aunque me gusta mucho dibujar paisajes, ciudades, edificios; prefiero pintar retratos. Pero lo que más me atrae es tratar de combinar ambos géneros, al dibujar personajes en su entorno.

¿Por qué ha desarrollado un estilo tan peculiar, a partir de su propia interpretación del arte pop?

En mis cuadros, creo que la imagen —y no el mensaje— es lo más importante. Siempre la realidad parece más abrumadora que la imaginación, porque la fantasía visual supera las referencias de la realidad palpable. Además, en la vida cotidiana —y en la pintura— detesto la rutina. Pintar siempre las mismas cosas es aburrido y poco apasionante, equivale a trabajar en una fábrica, donde los productos resultantes son exactamente iguales. Como creo que sin pasión ni originalidad no hay arte.

Lysbeth Daumont Robles
Bibliotecaria de Vitrina de Valonia

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