Lysbeth Daumont Robles

La azul adolescencia de Lysbeth Daumont Robles

Por: Madeleine Sautié Rodríguez

Publicado en: http://www.opushabana.cu/index.php?option=com_content&view=article&id=2591:la-azul-adolescencia-de-lysbeth-daumont-robles&catid=21:noticias-cp=44

 El título La azul adolescencia, poemario de Lysbeth Daumont Robles, fue presentado en la tarde del sábado 20 de noviembre en la Asociación Canaria de Cuba Leonor Pérez Cabrera, en la capital cubana.

Impreso por las editoriales Idea y Aguere, de Tenerife, el cuaderno fue calificado de «genuino y bello» por Argel Calcines, Editor general de la revista Opus  Habana, de la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana, quien tuvo a bien presentarlo  junto a Pablo Armando Fernández, Premio Nacional de Literatura 1996, y Guillermina Hernández Martín, Viceconsejera de Emigración del Gobierno de Canarias.

Con predominio de la décima o espinela como forma estrófica, estos poemas evidencian un profundo conocimiento de la cultura canaria, afirmó Hernández Martín tras destacar los amplios nexos que unen a la joven autora con Nivaria, la isla de Tenerife, tierra de sus antepasados.

De izquierda a derecha, Lysbeth Daumont Robles, Guillermina Herández Martín, Pablo Armando Fernández, Argel Calcines y Carmelo González Acosta.

Refiriéndose a la calidad de la creación literaria de Daumont Robles, Calcines destacó la facilidad de ésta para versificar, con «imprevistos encabalgamientos en sus décimas que evidencian no sólo el don del rimador o “matemática del verso” —dijo—, sino la madurez de quien es capaz de mirarse a sí misma».
«Ella demuestra con estos poemas adolescentes que ser poeta es una condición del ser. Y, como siempre, ante esta entrega precoz, el lector tiende a preguntarse: ¿cómo será su próximo libro?», agregó.

Daumont Robles fue galardonada a los 14 años con  la Medalla de Oro en el XXXIV Certamen Juvenil de Composiciones Epistolares de la Unión Postal Universal, en el que concursaron más de 3 millones de participantes de 56 países. Su carta «A ti… ¿soldadito de plomo? No… ¡de oro!» también forma parte de La azul adolescencia, que reúne textos escritos por la autora, entre los 13 y 15 años de edad. 

Esta joven escritora cultiva, además de la poesía, la narrativa, el testimonio, la narración oral escénica y la declamación, de lo cual hizo gala cuando en la ceremonia de presentación se le concedió la palabra, y deleitó al auditorio con la recitación de varios de los poemas de La azul…

A la presentación, efectuada en el contexto del VII Festival de Tradiciones Canarias, asistieron Carmelo González Acosta, presidente de la Asociación Canaria de Cuba; Koem Adam, embajador del Reino de Bélgica en Cuba, y Roger Grévoul, presidente de la Asociación Cuba-Cooperación Francia.

Madeleine Sautié Rodríguez
Periódico Granma

«Es la segunda ocasión en algo más de un año que, en el Centro Histórico, el público tendrá la oportunidad de dialogar con los personajes, la imaginación y con el sueño de Leonardo Cuervo Mera», expresó el Historiador de la Ciudad, Eusebio Leal Spengler, al inaugurar el  3 de diciembre de 2010, en Vitrina de Valonia, la exposición personal «A la sombra de las flores rotas» de este pintor, ilustrador y grabador habanero.

La muestra pudo ser visitada en Vitrina de Valonia, ubicado en la Plaza Vieja, desde el 3 de diciembre  y hasta inicios del mes de enero de 2011.

Inspirado en un verso del poeta cubano Eliseo Diego, «A la sombra de las flores rotas es tu cuchillo lo que está escondido…», y en la célebre novela A la sombra de las muchachas en flor, de Marcel Proust, el joven pintor, ilustrador y grabador, Leonardo Cuervo Mera titula su más reciente exposición personal «A la sombra de las flores rotas». Conformada por 22 obras de pequeño, medio y gran formato, la muestra tiene como leit motiv el realismo fantástico.

El Historiador de la Ciudad, Eusebio Leal Spengler (izquierda), al inaugurar la exposición del artista Leonardo Cuervo Mera. (derecha)

 

«La tentación de crear un mundo coherente y ajeno, a la vez, a todo cuanto me rodea, ha sido siempre algo que me ha fascinado sobremanera», nos confiesa el artista. Para crear ese universo personal —insólito y racional a la vez—, Cuervo Mera se vale de todo recurso pictórico y poético. Al combinar diferentes técnicas —óleo sobre tela, lápiz sobre papel…— y estilos —surrealismo, hiperrealismo…—, nos regala su percepción fantástica de la realidad.

 Cuervo Mera revela estar  influenciado por los pintores representativos de los siglos XV y XVI, en especial de los flamencos Pierre Bruegel (1525-1569), Jan Van Eyck (1390-1441) y Pierre Paul Rubens (1577-1640).

Mi Carmen (2010). Técnica lápiz sobre papel (40,5 x 65).

 

De estos dos últimos toma también la técnica  primaria que utiliza siempre en sus obras al óleo. Al emplear la grisalla — únicamente con tonos grises o neutros— produce un efecto monocromático, frío y sólido, que se ha practicado desde el período gótico para lograr que una pintura bidimensional parezca un relieve, escultura o arquitectura tridimensional.
Por primera vez,  Vitrina de Valonia — centro cultural perteneciente a la Oficina del Historiador de La Habana y que promueve la cultura belga— acoge una exposición de pintura surrealista, dedicada a la figura de René Magritte (Bélgica, 1898-1967), líder de este movimiento en su país, a partir de 1930.

Lilit (2009) Óleo sobre tela (100 x 50 cm ). La nostalgia (2007).Óleo sobre tela (41 x 31.5 cm).

Pero Leonardo tiene otros vínculos con Bélgica. Con motivo de su exposición «Las dos caídas de Ícaro» en la Contrast–Gallery & Galerie Yannick David de Bruselas, pudo encontrarse con sus maestros de la antigüedad y admirarlos de cerca en los museos. Según nos cuenta, allí le fueron explicados —en silencio, a través de los cuadros célebres— los secretos que le servirían para crear su propio entorno pictórico. 
Para rendir un tributo muy particular al surrealismo, Cuervo toma elementos del mundo real —fotos femeninas de revistas publicitarias, flores, frutos, frascos de perfume…—para transformarlos en personajes de un mundo irracional, insospechado e inimaginable, que nos conquista y atrae. Una vez dentro de su universo, tan laberíntico como fascinante, no podemos escapar de nuestra imaginación.
En esta muestra se exppnen por primera vez una serie de diez miniaturas que inició Cuervo, a partir de la exposición colectiva —convocada por el también artista de la plástica Gólgota—, titulada «Viaje a la semilla». Este joven pintor considera que al disminuir el formato, aumenta la intensidad de la obra. «Mientras más pequeño, más puedes dedicarte a los detalles», agrega.

 
Loyson: aparecida ( 2008) Óleo sobre lino (16 x 22,5 cm).

 

Las diez miniaturas que presiden la sala transitoria de Vitrina de Valonia rinden homenaje a obras maestras, creadas entre los siglos XV y XVIII. Integrada por versiones de obras de pintores flamencos —Rubens, Vermeer y Petrus Christus—, franceses —Bouguereau, Courbet  y artistas de la Escuela de Fontainebleu— e italianos —Rafael, Tiziano, Lotto y Bronzino—, la serie tiene a la figura humana como principal protagonista. Rostros y detalles femeninos, en su mayoría, pululan en las pequeñas telas, ilustradas a lápiz o a óleo.

Los amores del vinatero sordo (2008) Óleo sobre cartulina (41 x 31,5 cm).

 

 A partir de la diversidad de estilos, técnicas y puntos de vista, en esta muestra se percibe una forma de expresión muy personal que reflexiona sobre el proceso creativo para lograr eximir a la imagen de todo significado consciente. Exposición sui generis e intimista, «A la sombra de las flores rotas»,  deviene regalo inapreciable de Leonardo Cuervo Mera a los pueblos de Cuba y Bélgica.

Lysbeth Daumont Robles
Bibliotecaria de Vitrina de Valonia

 

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Como parte de la recién culminada V Semana Belga en el Centro Histórico, la soprano belga Lieve Gueuens ofreció un concierto en el Oratorio San Felipe Ner, acompañada por la pianista cubana Pura Ortizi. Nacida en Amberes (Flandes, Bélgica), Gueuens es licenciada en Historia del Arte. También, con la calificación de Cum laude en jazz y en canto clásico, se graduó en el Conservatorio de Utrecht (Ámsterdam, Holanda).
Durante la presentación en San Felipe Neri, primó la interacción y el diálogo constante de Gueuens con el público. Al interpretar reconocidas arias pertenecientes a óperas de importantes compositores como Gounod, Puccini, Mozart, Catalani, Gershwin, Verdi…, la artista puso de manifiesto su indiscutible talento, originalidad y pasión por el canto lírico.
«Siempre pienso la música con imágenes. Creo que si las personas comprenden la emoción en la música, pueden crear su propio mundo imaginario», confiesa Lieve Gueuens en esta entrevista.
  ¿Cuándo y por qué se inicia en los estudios de música?Desde niña escuchaba todo el tiempo a mi madre tocar el piano. Durante las noches, mientras yo dormía, ella estudiaba. Al escuchar la música yo quedaba fascinada e inventaba pequeñas historias que inundaban mis sueños.
Como en muchas otras partes, en Europa es muy común que los niños estudien un instrumento. Por ser yo algo impaciente, mi mamá me sugirió el violín y con sólo cinco años comencé a recibir clases. También practicaba un poco en el piano de mi casa. Cuando sentía la música en mis dedos, trataba al mismo tiempo de cantar, creyéndome una cantante de ópera, aunque en aquel momento no contaba con la voz necesaria. Todo estaba en mi mente, porque desde entonces tenía —y continúo teniendo— una imaginación muy fuerte.

Dos momentos de la estancia de la soprano belga Lieve Gueuens en La Habana. A la salida del concierto que ofreció el martes 9 de noviembre de 2010, en el Oratorio San Felipe Neri (izquierda), y en el patio central del Centro Cultural Vitrina de Valonia (derecha).

¿Cómo fueron sus primeras presentaciones en público?

Toqué el violín desde los cinco hasta los 18 años. No sabía aún a qué iba a dedicarme profesionalmente, y comencé a tocar jazz y un poco de salsa en una orquesta. Algunas veces, tenía ideas difíciles de concretar en el violín y, entonces, las cantaba, hasta que un día me dijeron: «Tú debes cantar y tocar al mismo tiempo».  Durante mis primeras clases de canto, la profesora me preguntó dónde había aprendido a cantar; y yo le respondí que ésa era mi primera clase. Por muy severa conmigo, ella no me creyó, pero me enseñó que tenía un talento que debía desarrollar.

Al leer su currículo, resalta el que, además de ser licenciada en Historia del Arte, haya obtenido la calificación de Cum laude en dos especialidades del Conservatorio de Utrecht (Holanda). Cuéntenos cómo sucedió.

A los 22 años, después de recibir cursos privados de canto, comencé a interpretar jazz y música popular. Una vez, una persona me escuchó tocar y me propuso estudiar en el Conservatorio de Utrecht, a 30 kilómetros de Ámsterdam. En ese momento, aunque yo cursaba —y terminé—  la carrera de Historia del Arte en la Universidad de Utrecht, ya estaba segura de que quería dedicarme al canto. En el Conservatorio, me decidí por el jazz. Tenía una profesora que me instaba a estudiar canto clásico. A mí no me gustaba lo que considero mentalidad rígida de ese género, porque prefiero las personas que juntas encuentran la manera de compenetrarse y crear música. Sin embargo, decidí estudiar, al mismo tiempo, jazz y canto clásico, convirtiéndome en la primera mujer en Holanda —y quizás en Europa— en obtener, en ambas carreras, la calificación de Cum laude.

¿Cómo continúa su carrera profesional después de graduarse con tan buenos resultados?

Luego de graduarme, canté en varios grupos de todo tipo de música: brasileña, salsa, jazz-rock… Mientras pasaban los años, mi voz se desarrollaba más, crecía y se volvía más grave. Al interesarme por la técnica vocal específica de cada género musical, me contrataron como profesora en la Universidad y Conservatorio de Utrecht. Disfrutaba explicar a mis estudiantes cómo hacer para mejorar sus voces, la velocidad, el volumen…
Por apasioname de igual manera con el teatro y el canto, en un momento determinado decidí concentrarme en una sola cosa: la ópera.

¿Por qué escoge la ópera?

Cuando cantaba jazz, pop, música brasileña…, necesitaba siempre llevar muchas cosas conmigo a conciertos que se realizaban al aire libre y muy tarde en la noche; viajar de una ciudad a otra; de un país a otro —Francia, Bélgica, Holanda, Alemania…—, y luego, regresar a casa. Hubo un momento en que dejé de sentirme joven y saludable: «No soy una mujer muy fuerte y debo cuidarme», me dije. Ya había trabajado en muchas óperas y me sentía bien.

Durante el concierto en el Oratorio San Felipe Neri mostró su estilo muy particular de interpretación, en el que prima la interacción con el público. ¿Cuál es su objetivo al establecer este diálogo, alejado de todo convencionalismo?

Mi estilo se escapa de lo tradicional , pues mi primera formación fue en la mentalidad libre y espontánea del jazz. Pienso que la música existe para que todos la escuchen. Los seres humanos tenemos el mismo origen y, por tanto, iguales derechos a la libertad, la paz, a lo bello…. Normalmente, me gusta acercar lo bello de la música a las personas. Suelo hacer conciertos más interactivos con el público: me siento al lado de alguna persona, le tomo la mano, sonrío y/o lloro… Dada la acústica del Oratorio San Felipe Neri, temí alejarme mucho del piano o de Pura Ortiz, porque pensé que podíamos perder sincronía.

En el concierto resultó muy acertado que a
ntes de comenzar su actuación de narró la historia del personaje que iba a representar, lo que atrajo aún más la atención del público. ¿Siempre lo hace?

Sí. Desde muy joven, cuando mi madre tocaba el piano, mentalmente creaba historias relacionadas con el ritmo de la música. Por ejemplo, me imaginaba a una muchacha que caminaba por la orilla del mar y trataba de no tocar el agua. Siempre pienso la música con imágenes. Creo que si las personas comprenden la emoción en la música pueden crear su propio mundo imaginario, y así la música dice algo, transmite una idea, un sentimiento, si no, se convierte en algo frío, superficial…

En los disímiles personajes que encarnó, se pudo apreciar la multiplicidad de sentimientos contrapuestos: tristeza, alegría, euforia, desesperación, odio, pasión, ansias de libertad… ¿Cómo asume transiciones como éstas en los pocos instantes que dura su interpretación?

Te explico: una cosa es el personaje y otra, el artista; es algo que debemos interiorizar. Hay muchos interpretes que toman demasiada distancia de sus personajes, entonces no son creíbles o dejan de transmitir emociones con sus voces; y hay otros que se convierten en personajes. El secreto —que es muy difícil y toma muchos años descubrir— consiste en estar verdaderamente muy cerca de la emoción, sentirla dentro, pero nunca mezclarla con tus sentimientos propios, porque al unir dos emociones
— iguales o diferentes—, puedes perderte en ti misma. Una vez, me sucedió con una historia muy triste y comencé a llorar.  

¿Qué piensa acerca de La Habana?

La Habana es una ciudad antigua y hermosa. Considero que se trabaja mucho en la restauración de su Centro Histórico. Ésta es mi segunda visita a Cuba, pero para mi compañero en la vida, es la número 14. Gracias a él, descubro el progreso de cada año en la renovación de sitios e inmuebles. Los cubanos, en general, y los habaneros, en particular, son muy agradables, simpáticos y solidarios.

Después de haber compartido la escena con la destacada pianista cubana Pura Ortiz, ¿cuáles son sus impresiones sobre el concierto que ofrecieron como parte del programa de la reciente V Semana Belga en el Centro Histórico?

En Europa hay mucha técnica, precisión, pero no se toca con el corazón. Pura es una mujer muy amable y musical. Al compartir con ella, encontré talento y pasión al mismo tiempo. Comprendí enseguida que puede ser que aquí no haya tantos cultores del teatro lírico, porque en la música cubana ustedes tienen su propio ritmo, tan conocido internacionalmente como la ópera. Me sentí muy bien acogida por el público, tanto el cubano como extranjero que asistió. Quisiera que supieran que les agradezco mucho y que pueden contar conmigo para futuras colaboraciones. Creo que la ópera no debe ser tan rígida, como en Europa, sino un poco más apasionada, más «cubana».

Lysbeth Daumont Robles
Bibliotecaria de Vitrina de Valonia.

 

«Escrito por Lysbeth Daumont Robles
Jueves, 06 de Enero de 2011 13:33

Desde octubre hasta diciembre de 2010, el Museo Nacional de Bellas Artes acogió la exposición «Retrospectiva de Bruno Vekemans», auspiciada por la embajada de Bélgica en Cuba.

¿Qué significado tuvo para Ud. esta primera exposición en Cuba?

Ha sido muy importante para mí, primero porque adoro La Habana y a los cubanos. Esta es mi quinta visita a la Isla en cuatro años y mi primera exposición en América Latina y el Caribe. Auspiciada por la embajada del Reino de Bélgica en Cuba, fue inaugurada el primero de octubre de 2010, en presencia de Koen Adam, embajador de mi país, y personalidades de la cultura cubana. Considero como un gran honor el hecho de que la sala transitoria del Museo Nacional de Bellas Artes (MNBA) haya acogido mi obra como su primera muestra belga. Este bello museo cuenta con una magnífica colección de antiguos pintores flamencos como Pierre Paul Rubens (1577-1640), Anthony van Dyck (1599-1641) y Jacob Jordaens (1593-1678), a quienes he admirado desde mi adolescencia.

¿Qué opinión le mereció su encuentro con el público cubano en los recorridos por la exposición, organizados por la Oficina del Historiador de la Ciudad?

Durante la permanencia de la exposición, muchos estudiantes de las escuelas de arte visitaron la sala, en las que estuve presente (recuerdo, especialmente, la de los jóvenes de la Escuela-Taller Gaspar Melchor de Jovellanos). Además, en el marco de la V Semana Belga en el Centro Histórico, el Departamento de Gestión Cultural de la Oficina del Historiador organizó un recorrido por la exposición, protagonizado por estudiantes de la Facultad de Historia del Arte, que tuvo como colofón el diálogo con el público. Al interactuar con varios grupos de familias habaneras y responder a sus preguntas, pude percibir una gran preparación cultural. Me emocioné al poder intercambiar con niños y con personas de la tercera edad, que me ofrecieron sus más sinceras opiniones acerca de mi obra.

Momento de uno de los recorridos por la exposición «Retrospectiva de Bruno Vekemans, en la sala transitoria del Museo Nacional de Bellas Artes.

¿Qué cree de este tipo de experiencia?

En los vernissages siempre hay una numerosa audiencia —sobre todo críticos—, pero no tienes la oportunidad de explicar a las personas tus objetivos e influencias, ni de interactuar y responder a preguntas de diversa índole. Fue mi primera experiencia de este tipo y en mi corazón tuvo resultados maravillosos. Creo que debe tomarse en cuenta para futuras exposiciones, al tener múltiples beneficios tanto para el público, como para los artistas.

¿Por qué, en el intercambio con el público cubano asistente a los Andares por su obra, confesó que quisiera vivir siempre en La Habana?

La Habana tiene una atmósfera muy especial, que invita a ser percibida y dibujada. En cada ocasión descubro y recreo en mi mente nuevos paisajes, semblantes, colores…Tengo diversas obras realizadas a partir de las circunstancias cubanas, que quise exponer en esta ciudad desde el inicio. El resto de esos retratos serán exhibidos en Amberes (Flandes, Bélgica), en febrero de 2011.

¿Cómo escoge los rostros para concebir tal combinación de símbolos y expresiones humanas en los collages de retratos cubanos?

Al transmutar los rostros a través de la pintura nacen los retratos, cuya singularidad está dada por diversos motivos. Algunos atractivos para mi pincel son: el carácter firme y atrayente de los cubanos, las expresiones — ¡hay un repertorio de mil expresiones en cada uno de ustedes!—, los colores que toman los cuerpos —debido al mestizaje y los valores cromáticos de una mañana o un atardecer en esta ciudad—, los gestos únicos… Algunos símbolos de la nación, como José Martí y Fidel Castro, están representados en mis cuadros.

Obra que pertenece a uno de los collages de Retratos cubanos, que integraron la muestra «Retrospectiva de Bruno Vekemans».
Háblenos del leit motiv de su obra en general, que cuenta con múltiples influencias en cuanto a temática, técnica y formato.

Soy totalmente autodidacta y trato de no hacer siempre lo mismo. Desde muy joven —creo que lo llevo en los genes— estaba impresionado por la obra de los grandes maestros. Por eso he desarrollado un estilo ecléctico, influenciado por los logros de los diferentes movimientos artísticos. Tras la culminación de cada etapa de mi vida hay un giro en mi obra pictórica. Al utilizar una técnica o un formato en particular, me intereso, estudio y profundizo en dicho estilo, hasta que decido cuándo es tiempo de evolucionar. Combinando técnicas disímiles (collages de retratos pintados con recortes, óleos sobre lienzo…) y dimensiones varias (pequeño y gran formato), mi trabajo está inscrito, por los críticos de arte, en la corriente posmodernista.

En el conjunto de su obra se aprecian paisajes —sobre todo citadinos— y retratos, pero ¿qué es lo que prefiere pintar?

Aunque me gusta mucho dibujar paisajes, ciudades, edificios; prefiero pintar retratos. Pero lo que más me atrae es tratar de combinar ambos géneros, al dibujar personajes en su entorno.

¿Por qué ha desarrollado un estilo tan peculiar, a partir de su propia interpretación del arte pop?

En mis cuadros, creo que la imagen —y no el mensaje— es lo más importante. Siempre la realidad parece más abrumadora que la imaginación, porque la fantasía visual supera las referencias de la realidad palpable. Además, en la vida cotidiana —y en la pintura— detesto la rutina. Pintar siempre las mismas cosas es aburrido y poco apasionante, equivale a trabajar en una fábrica, donde los productos resultantes son exactamente iguales. Como creo que sin pasión ni originalidad no hay arte.

Lysbeth Daumont Robles
Bibliotecaria de Vitrina de Valonia

Con José Martí ante la mar tempestuosa

 

 

Escrito por Lysbeth Daumont Robles

Viernes, 28 de Enero de 2011 19:08

«Tuve que buscar mucho dentro de mí, construir un Martí desde mis propias vivencias», afirma el todavía estudiante de la Escuela Nacional de Arte.

En cualquier ómnibus de La Habana actual, o a la salida del cine Chaplin, podemos toparnos con José Martí; es decir, con el actor que lo interpretó en la más reciente producción de Fernando Pérez, Martí, el ojo del canario.
Reconocerlo tras una primera mirada deviene difícil tarea para el espectador menos avezado, pues la fisonomía actual de Daniel Romero Pildaín (La Habana, 1990) difiere absolutamente de la que conocimos en el filme. Daniel es un muchacho alto, de largos y lacios cabellos negros, aunque conserva el mismo halo tierno y apasionado que apreciamos en la película.
Sin dudas, cambió su vida el hecho de encarnar a la figura del Apóstol en ese largometraje de ficción, seleccionado entre los diez mejores filmes exhibidos en Cuba en 2010 por la Asociación Cubana de la Prensa Cinematográfica.
En su casa de Lawton —donde fui acogida cordial y gentilmente por su madre, padre y hermana—, Daniel recitó poemas de los Versos sencillos y respondió a mis preguntas.

¿Por qué te presentaste al casting de la película Martí, el ojo del canario? ¿Creías que tenías alguna posibilidad de interpretar el papel protagónico?

Los jóvenes que hoy estudiamos actuación, tenemos pocas oportunidades de trabajo. Nadie de mi familia proviene del teatro, aunque sé que tengo un tatarabuelo, Pablo Pildaín, quien fue actor en el siglo XIX. Rine Leal, un gran investigador del teatro cubano, lo incluye en su libro, La selva oscura. Por mi fisonomía, nunca pensé que fuera a interpretar a Martí. Debo confesar que, en el momento que me presenté, no conocía a Fernando. Ese día se había roto el ómnibus que me transportaba y llamé al ICAIC para avisar que llegaría más tarde. Cuando me iba acercando a mi destino, vi a un señor mirando a la calle, a quien le pregunté si estaba en la dirección correcta. Nos quedamos mirándonos por varios instantes seguidos. Entonces él me preguntó: «¿Eres Daniel?», y me di cuenta de quién se trataba. Al pasar el tiempo, Fernando me confesaría que, cuando me vio en ese momento, percibió el mundo interior que él quería evocar con la película.


¿Cómo fue tu interacción con Fernando Pérez durante el casting? ¿Y con los actores con quienes compartiste la escena?

Después de aquel primer encuentro, él me hizo una prueba de relación de miradas, un ejercicio de teatro que consistió en intercambiar visualmente con él diferentes emociones. Me impresionó mucho cómo, sin haberse dedicado a la actuación, Fernando interpretaba al pie de la letra su personaje. Al mirarme con los ojos llorosos en esa ocasión, descubrí que me había entregado una vivencia personal suya. Así comencé a ponerlo inconscientemente en el pedestal que merece por toda su trayectoria; por ser, además de excelente director, todo un artista.
Broselianda Hernández [Leonor Pérez] me ayudó desde el inicio, en el casting y durante la filmación. Siempre hubo una buena química entre nosotros. La relación con Rolando Brito [Mariano Martí] fue más sólida, más concreta, porque me recordó por momentos la relación con mi propio padre.
¿Cómo te preparaste previamente al rodaje?
Cuando me escogieron para el personaje, quise estudiarlo todo sobre la vida y obra de Martí, pero Fernando encauzó mi lectura hacia los Versos sencillos, Versos libres, El Presidio Político en Cuba y la biografía que escribió Jorge Mañach (hasta el primer exilio martiano). Me dijo: «Por ahora no quiero que seas consciente de lo que vas a hacer, para no perder tu naturalidad».
Háblame un poco de la dinámica de trabajo en una película de carácter histórico como ésta. ¿Tuviste dificultades? ¿Qué te aportó este proceso?
La rutina diaria de esos cuatro meses comenzaba con el vestuario, luego el maquillaje, y continuaba con 12 horas de filmación. Antes de entrar a escena necesitaba absoluto silencio y, muchas veces, tenía que crearme mi propio espacio de concentración. Durante el proceso de rodaje estaba cursando el primer año de la Escuela Nacional de Arte (ENA), así que llevé al mismo tiempo los estudios y el trabajo. Además, tuve que adelgazar, mantener una estricta dieta y luchar contra la ansiedad, el estrés y la depresión que me condujo a dos crisis nerviosas durante el rodaje.
Cuando te enfrentas a un reto como éste, siempre hay dificultades. En mi caso, fueron superadas gracias al apoyo de dos personas, a las cuales estaré agradecido por siempre: Grisel Monzón y Sandor Menéndez. La primera me ayudó a ponerme al día con las clases, trabajos prácticos… y actualmente es mi novia; el segundo, mi profesor de actuación, me enseñó todo lo que sé.
Durante ese proceso, aprendí a trabajar con profesionalismo, sacrificio y responsabilidad, a ser riguroso en el estudio diario del personaje que se interpreta, a comprender cuánto amor y sufrimiento se necesitan para ser actor.
¿Cómo lograste encarnar a un Martí tan cercano a las jóvenes generaciones?
Tuve que buscar mucho dentro de mí, construir un Martí desde mis propias vivencias. Conociendo su vida, encontré muchas cosas que, quizás subconscientemente, me acercaban a él: la manera de ver el amor como un acto de entrega, pureza, alejado de todo indicio de machismo y frivolidad;  la figura de la  madre luchadora que quiere lo mejor para su hijo, pero debe respetar sus convicciones; el padre trabajador con sueños y ansias de superación, que no muestra todos sus sentimientos… Desde su niñez, Martí estuvo todo el tiempo sobreponiéndose a las dificultades de la sociedad (recuérdese la sugerente escena delante de la mar tempestuosa). El estudio profundo que llevé a cabo, me permitió conocerme mucho más de lo que yo creía, pero también saber cuánto amo a Cuba y a La Habana.
¿Has visto la película en varias ocasiones? ¿Cuáles fueron tus impresiones como espectador en la sala oscura?
El día de la première vi cómo se resumían cuatro meses de ardua filmación. Tuve la oportunidad de materializar todas las emociones de la película, las escenas más fuertes, entre ellas la de los sucesos del Teatro Villanueva, cuando tengo que gritar obligatoriamente « ¡Viva España!». Aprecié la conjunción del trabajo de actuación, dirección, fotografía, luces… desde el punto de vista del espectador.  Veo la película en cada ocasión que es exhibida; esto me permite valorar mi propia labor, para mejorarla, pero también experimentar nuevas sensaciones. A la salida del cine siempre se me acercan personas, jóvenes en especial, que se identifican y emocionan con la película, para decirme «Gracias». Soy yo quien les agradece.
¿Cuál era tu visión de La Habana antes de la película? ¿Cuál tienes ahora?
Yo vivía en La Habana; no la veía. Ahora puedo apreciarla como el gran mito que es. Al leer la novela Canción de Rachel, en la que Miguel Barnet escribe que en esta isla mágica cada persona nace con un destino, me impresionó mucho una frase de Rachel: «Cuando Martí iba deportado de Cuba con 16 años, iba apoyado en una baranda del barco, llorando». Conocer la nostalgia por Cuba en las historias de Heredia, Milanés, Zenea… me ha permitido amar más mi ciudad, que ha sido referente y escenario de múltiples obras literarias. José Lezama Lima decía que no necesitaba salir de La Habana, pues desde su terraza podía verlo todo. «Vivir» en el siglo XIX habanero fue una experiencia sumamente bella, barroca, colonial… que me permitió valorar el espíritu de esa época. La Habana representa algo trascendental para mí: lo mismo  que simbolizaban los anfiteatros para Sófocles, Esquilo… donde se interpretaban sus obras.
¿Qué crees de la restauración del Centro Histórico?
Creo que debemos agradecerle mucho a Eusebio Leal por sus valores y concepto de la vida, por revivir la belleza perdida del siglo XIX, por reconstruir momentos históricos, que podemos imaginar gracias al rescate de la arquitectura, de lugares donde ocurrieron importantes sucesos culturales…  Así un joven de hoy puede conocer cómo eran los adoquines de las calles más antiguas, los balcones en los cuales Milanés recitaba poemas a su prima, la bahía con todas las historias de corsarios y piratas, la Fiesta del Día de Reyes… Su labor incansable es digna de ser reconocida y recordada siempre.
¿Qué huellas ha dejado Martí en ti?

Cuando un actor interpreta un personaje debe olvidarlo, dejarlo atrás para poder trabajar en el próximo. Pero no puedo renunciar a Martí: lo llevé conmigo durante la película y lo sigo llevando aún.  He quedado encantado con su imagen y el impacto de su obra. Como mismo se les ponen flores a los familiares y a los santos, yo le pongo flores. Lo tengo como símbolo de sacrificio, de trabajo, de pasión. Ahora, si estoy deprimido —porque sigo luchando, aun cuando algo parezca imposible—, me refugio mucho en su literatura.
Martí me abrió las puertas a poetas como Casal, Rimbaud…; a músicos como Bach y Handel. Le agradezco mucho a Fernando el haberme mostrado el camino para conocer a Martí.
¿Cómo crees que los jóvenes deberíamos acercarnos a la obra del Apóstol?
Les recomiendo leerlo sin pauta y sin regla; sólo acercarse a él por algún interés o inquietud en particular, o simplemente por curiosidad. Y a partir de ahí, si le encuentran el sentido, hallaran por sí mismos el camino para su lectura. Pero sobre todo, cuando lo lean,  olviden provisionalmente al héroe del busto de mármol, y véanlo como un ser humano, de carne y hueso: el que le escribe a sus hermanas; sufre en la relación con sus padres; que se enferma, que padece cuando no puede ver a su hijo… y quien, a pesar de todo, fue alguien que creó e hizo mucho por su país.
¿Tienes tiempo libre para la lectura?¿Qué te gusta leer?
John Lennon decía que la vida es el tiempo que pasa mientras ocupamos nuestro tiempo. Entonces, el hecho de no contar con mucho tiempo libre, en mi caso significa que  aprovecho al máximo mi vida: estudio; leo; voy al teatro, escucho música y bailo, pero también disfruto ver un atardecer, como hacía el personaje de El principito, de Antoine de Saint-Exupéry). En algunas ocasiones, cuando llego de la escuela, me pongo a dibujar con tempera, como en mi infancia.
Sobre todo, me encanta leer. Me gustan las obras de Dostoievski (Los hermanos Karamazov, Crimen y castigo, El idiota…) por la compleja psicología de los personajes, y las de Gabriel García Márquez (El amor en los tiempos del cólera, Cien años de soledad…) por el ambiente, los colores, la historia.
¿Cuáles son tus preferencias en cuanto a actores, películas y obras de teatro  tanto en el ámbito nacional como internacional? ¿Qué personaje te gustaría interpretar?
Entre los actores: Javier Bardem (que trabaja en la película Mar adentro), Fernando Echavarría, Corina Mestre y Aramís Delgado. De las películas: Clandestinos, Suite Habana y la norteamericana Érase una vez en América, con Robert de Niro. Entre mis obras de teatro preferidas están: Equus, de Peter Shaffer; Deseo bajo los olmos, de Eugene O´Neill, y Un tranvía llamado deseo, de Tennessee Williams. Quisiera interpretar a Raskólnikov, el protagonista de la novela Crimen y castigo, de Fiódor Dostoievski.
¿Cómo definirías la relación padre-hijo en la etapa de transición de la adolescencia hacia la adultez?
Chaplin decía: «Sólo dos tipos de personas dicen la verdad: los niños y los locos; a los niños los educan y a los locos los encierran. Nunca debemos perder el niño que llevamos dentro. Porque ser niño te ayuda a crecer, a crear, a soñar con naves y dragones…». Es la etapa que te define: todo lo que te rodea desde niño marcará tu adolescencia y tu vida adulta, pues allí se forman tus valores. Mientras más arrastres a ese niño, más te conocerás; pero cuando lo olvides, perderás la esencia de tu vida. Ése es el tema central de la película. Por eso creo que la relación padre-hijo en esta etapa no debe contar con censuras ni imposiciones, y sí con enseñanzas y respeto de los criterios del adolescente, con el fin de conformar su identidad.
¿Cómo definirías el concepto de identidad?
Es saber siempre quién es uno y hacia dónde quiere llegar, pero también conocer el poder que tenemos para alcanzar nuestros objetivos: un poder en sintonía con la razón, porque no nos debemos exigir más de lo que podemos dar. Es concederle importancia a los valores, la educación, la sensibilidad… y ser consecuente con sus actos.

Lysbeth Daumont Robles
Colaboradora de Opus Habana

Publicado en http://www.opushabana.cu

 

 

 
-«No me considero un maestro, solo trato de dar todo lo que recibo, de transmitir conocimientos» afirma Etienne Schréder, quien impartió un taller de historietas para profesionales del género en la biblioteca de Vitrina de Valonia, en el Centro Histórico de La Habana.
 Por: Lysbeth Daumont Robles Fuente: www.opushabana.cu

A Etienne Schréder se le veía andar por cuanta calle hay en La Habana Vieja. Vestido totalmente de negro, sobresalía por su barba y cabellos blancos, así como por su mirada de turista extasiado en una ciudad que le provocó «emoción y deslumbramiento», según confiesa el historietista belga en esta entrevista.

¿Cómo se acerca al mundo de las historietas desde su infancia?Aprendí a leer con las historietas como casi todos los niños belgas. Mis primeras lecturas fueron las aventuras de Tintín y Milú. Primero mi papá me las leía, luego, después de unos meses, él se dio cuenta que yo podía hacerlo solo, entonces tenía seis años aproximadamente. En casa no había muchos álbumes de Tintín: tenerlos era casi un lujo, solo contábamos con los que nos regalaban —a mi hermano y a mí— por nuestro cumpleaños, por Navidad…

 ¿Cuáles fueron los personajes que más lo marcaron en su adolescencia y por qué?
Recordemos que en la década de los años 50, en Bélgica, no existían tantos libros de historietas como ahora, solo revistas especializadas en este género como Tintín y Spirou (de las escuelas de Bruselas y Marcinelle, respectivamente). Era la época del fin de la supremacía de la historieta belga. Todas estas aventuras empezaban a «envejecer». Entonces Goscinny, Uderzo y Charlier, lanzan al mercado la revista francesa Pilote en 1959. Allí nacen no solo Astérix, sino también otras historias y personajes completamente nuevos. En ella se abordaron temáticas diferentes, más serias, que reflejaban la realidad política y social del momento. Su contenido logró captar la atención del público adulto. En 1968 los dibujantes jóvenes toman la revista y consiguen crear un cómic de vanguardia: esta es la época dorada. Con una forma nueva y original de contar las historias, en Pilote la historieta francófona comienza a evolucionar, a hacerse más  «adulta».  Como yo seguí toda esta transición, este movimiento, podría decir que me hice adulto al mismo tiempo que la historieta franco-belga. No tengo un personaje predilecto, si valoramos la historieta por sus protagonistas, porque precisamente lo nuevo a partir de los años 70 es que la historieta se aprecia más por sus libros que por sus personajes.

El profesor e historietista Etienne Schréder cuando impartía su taller en la biblioteca de la Vitrina de Valonia como parte de la reciente Semana de la Cultura Belga. 

 

 

 

 

 

 

 

 ¿Cuál es la historia que más ha influido en su obra?
A los 25 años destruí todos mis libros, no me interesaba más este tema. Pero diez años más tarde recordé mi antigua pasión por las historietas. Fue en esta época que leí mi historia preferida, «Ici même» (con dibujos de Jacques Tardi y guión de Jean-Claude Forest). Estoy contento de haber encontrado la traducción española porque es una historia clave que ahora está a disposición de todos los profesionales cubanos en la biblioteca de la Vitrina de Valonia.

¿Cuál es su ídolo en el mundo de la historieta?
Considero que Hergé además de pionero, es todo un maestro de la historieta, no solo por su dibujo de línea clara, sino por la forma de contar la historia. Para mí Las joyas de la Castafiore su último libro, aunque haya otros después. Es la única historieta donde confluyen todos los personajes, como al final de una pieza teatral, cuando todos los actores saludan y se corren las cortinas. Ése es el único álbum donde Tintín, el reportero trotamundos, no sale de viaje. Durante 64 páginas Hergé nos muestra todo lo que creó. Aunque no hay un tema específico nos damos cuenta que su manera de narrar los hechos funciona a la perfección. Esta demostración es para mí como un testamento. No digo que Hergé sea el más grande de los creadores de cómics, pero es obvio que no lo podemos ignorar en la historia de la historieta francófona.
¿Cuándo comienza a hacer historietas? ¿Cuándo publica sus primeras historias?
A los 40 años. Esta es la historia: yo estudié Derecho y Criminología en la Universidad de Louvain. Mi primer empleo fue en los centros penitenciarios, es decir, en las prisiones de Bruselas. Cinco años después renuncié a este trabajo. Llevé una vida de vagabundo por mucho tiempo en Francia, pero sobre todo bebí mucho. Después de este período que narro con más detalles en mi libro Amargas estaciones, dejé de beber y comencé a trabajar como encargado de los servicios jurídicos en una empresa de viviendas sociales. Durante este tiempo tomé cursos nocturnos de historieta. En 1989 publiqué dos relatos cortos en blanco y negro en la revista À suivre. Más tarde dejé mi empleo para trabajar con François Schuiten en la elaboración gráfica de Taxandria, un largometraje de Raoul Servais. Mi primer álbum, El secreto de Coïmbra, fue publicado en diciembre de 1991 y estuvo consagrado al Portugal del siglo XVII. En 1998 la editorial Casterman publica mi historia «La corona de papel dorado», donde el protagonista principal es un joven alquimista. En ella quise tratar el tema del alcoholismo, de la destrucción para un nuevo nacimiento…Fue un éxito de ventas, pero solo un lector leyó entre líneas y comprendió el mensaje que quería trasmitir. 

¿Cuáles fueron las temáticas abordadas en sus libros posteriores?El vuelo de Ícaro (2003) y Mary por una noche de noviembre (2005) forman parte de la colección Carrément BD de las ediciones Glénat, en las que prima el formato cuadrado. El primero evoca el mito del laberinto llevado a la actualidad a modo de thriller, y el segundo es un acercamiento a la vida de Mary Shelley, quien creó la historia antológica de Frankestein con sólo 18 años; es un rencuentro de esta autora con su propia creación. En ambos libros están presentes la interrogante Qui suis-je? (¿quién soy?) y la relación padre-hijo. Hay que señalar que Mary e Ícaro son hijos naturales. Un tema recurrente en mi obra, podríamos decir que es la búsqueda de nuestros orígenes, de nuestra identidad.

Háblenos de la concepción de su libro autobiográfico Amargas estaciones y de la reacción del público.
Como te dije, desde mi primer álbum quise abordar el tema del alcoholismo, pero no recibí la respuesta que esperaba del público. Siempre he sido muy reservado con mi historia personal. Fue François Schuiten quien me recomendó escribirla primero como un testimonio. Así lo hice, pero tuve realmente deseos de llevar a cabo este proyecto cuando nació mi primer nieto. La dedicatoria impresa es para mis dos hijos. ¿Las reacciones? Positivas y esperanzadoras en su mayoría. Muchos lectores me han escrito, sobre todo muchos alcohólicos. Incluso hay uno que siempre me está llamando para pedirme otro ejemplar del libro porque lo pierde cada vez que se embriaga. Esta vez fui transparente con el mensaje que quería dar y estoy muy satisfecho con la respuesta del público. Mi vida es como un archivo; no puedo abrir todas las gavetas a la vez. Sin embargo, en la presentación de Amargas estaciones que se efectuó en la Casa Autrique, en Bruselas, fue la primera vez que reuní todo (historieta, alcohol y música). Mi pasatiempo preferido es tocar la guitarra, y allí, mientras explicaba el por qué de mi autobiografía, interpreté un blues. Mi editor quiere una continuación, pero no tengo nada más que decir después de aquello.

Vista de la biblioteca de la Vitrina de Valonia, la cual cuenta con una importante colección de historietas.

 

 ¿Cumplió con sus expectativas en el taller de historietas que impartió en el marco de la semana belga en La Habana?
Mi premisa es no esperar nada para no decepcionarme. No me considero un maestro, sólo trato de dar todo lo que recibo, de trasmitir conocimientos. Creo que ha sido un intercambio maravilloso de ideas. Estoy muy contento de haber estado aquí, en un taller donde confluyeron amateurs y profesionales con la mente abierta y muchas ganas de aprender.
¿Cuáles son sus impresiones después de su estancia en Cuba?
¿Cómo hablar de Cuba, habiendo estado tan pocos días en La Habana? En todo caso debo decir que encontré mucha gente acogedora, amistosa, cordial… La arquitectura de la ciudad es cada vez más bella para mis ojos; en ella se constata el paso del tiempo y toda una historia que está escrita en sus muros. Sin embargo, en todas las ciudades del mundo la arquitectura no es más que un escenario, por muy espléndido que sea. Lo que pasa detrás de ese escenario, es quizás lo que pude imaginar al trabajar con los historietistas y creadores cubanos, al hablar con ellos, de sus historias, sus dibujos, sus esperanzas. Me di cuenta que eran receptivos a mis juicios, indicaciones y sugerencias, además de contar con mucho talento y entusiasmo. Guardo de La Habana recuerdos de emoción y deslumbramiento.

Lysbeth Daumont
Bibliotecaria  de la Vitrina  de Valonia

 

Publicado en www.opushabana.cu

Los «niños brujos» de Tom Tirabosco

Escrito por Lysbeth Daumont Robles   

Miércoles, 14 de Julio de 2010 17:21

La infancia es la principal protagonista en las ilustraciones e historietas del artista italo-suizo Tom Tirabosco (Roma, 1966). Los álbumes de historietas juveniles Los ojos del bosque y El fin del mundo, donados y dedicados por él a la Biblioteca de la Vitrina de Valonia, se exhiben durante este mes en saludo al Día de los Niños, que en Cuba se celebra el tercer domingo de julio, o sea,  pasado mañana 18.
«Los niños no son criaturas ingenuas; ellos sienten y comprenden cosas que nosotros mismos no podemos explicarnos. Yo los veo como “brujos”, guardianes de secretos increíbles, capaces de hechizarnos con sus palabras», afirma el historietista suizo en esta entrevista realizada en la reciente primavera cubana.

   
   

¿Cuándo comienza a hacer historietas?

Desde pequeño me gustaba mucho dibujar, era una forma de escapar a otros mundos, crear personajes fantásticos y olvidar lo cotidiano. Entonces, cuando crecí, decidí estudiar en la Escuela Superior de Artes Visuales de Ginebra (ESAV), donde me gradué en 1991. Ese mismo año gané la beca Simon I. Patino y estuve seis meses en la Ciudad de las Artes de París. No es hasta 1997 que publico el primer álbum de historietas, El emisario, y el primer libro ilustrado para niños, Ahora, en este mismo instante.

 
¿Por qué escoge la historieta como medio de expresión?

En Europa se considera la historieta como el noveno arte. Al combinar artes plásticas y literatura, me permite decir cosas y transmitir emociones a través de un dibujo más complejo y creativo. Como lector, creo que no es lo mismo leer un libro que un álbum de historietas, pues una historia en imágenes incrementa la intensidad de la emoción. Eso es lo que busco en mi obra.

Entre la larga lista de premios y becas obtenidos, ¿cuál considera el más importante en su vida profesional y personal?
El premio más importante que he recibido —y del que más orgulloso me siento— es el Rodolphe Töpfer de la ciudad de Ginebra (1997). Rodolphe Töpfer, autor franco-suizo, fue el fundador de la historieta moderna al publicar en 1833 Historia del señor Jabot. ¡Imaginen cuánto honor!

Los niños son protagonistas en sus historias e ilustraciones, ¿por qué los denomina «niños brujos»?

Tienes razón, en mi obra hay un leit-motiv: la infancia, pero sobre todo su relación con los adultos. Los niños no son criaturas ingenuas; ellos sienten y comprenden cosas que nosotros mismos no podemos explicarnos. Yo los veo como «brujos», guardianes de secretos increíbles, capaces de «hechizarnos» con sus palabras y descubrimientos… Es necesario tomarlos en cuenta y responder a sus preguntas para evitar traumas futuros. Las imágenes e historias de estos niños están en mi imaginación porque, de alguna forma, también soy un «niño brujo».

Sus obras más célebres Los ojos del bosque  y El fin del mundo han sido traducidos al español. ¿Qué significan para Usted estos libros?

Los ojos del bosque (Editorial Casterman, París, 2003) es mi libro más ambicioso, fantástico e intimista. Este thriller sobre los secretos de una familia que son descubiertos por una niña, aborda problemáticas reales. Las relaciones entre hombres y mujeres, la fuerza de la naturaleza y la necesidad de comunicación, son los temas principales del álbum. Fue muy bien acogido por el público, ya que se ubicó entre las cien mejores historietas del año, y obtuvo el Gran Premio del Festival de Sierra (Suiza) en 2003.
El guión de El fin del mundo (Ediciones Futuropolis, París, 2008) fue escrito por Pierre Wazen. La protagonista, una muchacha melancólica, busca en su historia familiar el origen de su carácter. Se trata de un trauma de la infancia, con el que debe aprender a vivir. Este libro recibió el Premio Internacional del 36 Festival de Angulema (Francia, 2008) y el Premio Luciones BD (2009).
¿De qué manera y por qué utiliza la monotipia como técnica de impresión?

Primero, entinto una lámina de caucho, dibujo sobre la tinta y luego agrego los colores por computadora. La monotipia hace que las materias vibren, crea ambientes fuertes, atmósferas oscuras… Es mi forma de interpelar al lector.

¿Cuáles son sus influencias pictóricas?

Entre los pintores están los clásicos, los italianos del Renacimiento y los simbolistas, especialmente Arnold Böcklin. En historieta, el gran maestro Hergé; te digo que mi aventura preferida es Tintín en el Tíbet por su psicología, emoción, humor; pero también incluyo a los historietistas Lorenzo, Dupuy & Berberian, Blutch y Taniguchi, este último autor de la obra Barrio lejano.

¿Cuáles son sus proyectos de publicación para este año?

Otra vez con Pierre Wazem como guionista, en septiembre, Ediciones Futuropolis publicará mi nueva historieta, Subsuelos. Es una historia sombría, que habla de una infancia quebrada, de gemelas y de la desaparición de la luz diurna en la ciudad de Ginebra seguidas de experimentos realizados sobre la anti-materia en el CERN (Centro de Investigaciones Nucleares).

¿Qué recuerdos guarda de La Habana?

Guardo muy bellos recuerdos de La Habana y sus habitantes. Me ha seducido la riqueza arquitectónica de la ciudad. Al haber estado poco tiempo aquí, creo que me quedan muchas cosas por descubrir. Aunque no conocí a muchos cubanos —a los que considero cordiales y misteriosos al mismo tiempo—,  tuve el placer de conversar con transeúntes y con quienes asistieron a mi exposición. En ellos percibí que en La Habana, más que en otros lugares, que hay personas con deseos de encontrarse e intercambiar con historietistas extranjeros. También sentí una gran creatividad que pide ser respaldada.

 

Lysbeth Daumont Robles
Bibliotecaria de la Vitrina de Valonia

 

Publicado en www.opushabana.cu

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